Rincón de Jean Carlos Pinto Ortega
Arica - Chile

Yo me llamo Jean Pinto Ortega, soy estudiante de Ingeniería Civil Mecánica de la Universidad de Tarapacá, y les quiero comentar y afirmar que yo soy TARTAMUDO desde los 5 años, pero por motivos que tengo poco claro mi tartamudez se desató en mí de manera violenta a la edad de 14 años, cuando cursaba Primero Medio. Recuerdo haber pasado situaciones denigrantes respecto a mi miedo hablar con las demás personas, ya que el hecho de pensar que iba a tartamudear frente a ellos me causaba un pánico terrible. En mi mente, habitaba una película irracional que me hacía pensar que mostrar mi forma  de hablar frente a desconocidos era algo negativo y que me dejaba mal parado como persona. Así fueron transcurriendo los años y mi tartamudez disminuyó solo un poco respecto al peak máximo que tuve. Me encontraba en un laberinto de donde no podía salir, tenía continuamente pensamientos de que no podía enfrentar mi dificultad, que consecuentemente me generaba emociones negativas como inseguridad, ansiedad, nerviosismo, etc. Luego de varios años de ir contra la corriente y, por ende, en el camino incorrecto para afrontar mi tartamudez, decido pedir ayuda en el Centro de Investigación e Intervención Psicosocial (CEINPSI) de mi universidad, donde me derivaron con una psicóloga en práctica que se encontraba cursando un intercambio estudiantil, el enfoque o área de trabajo de ella es el Cognitivo-Conductual. Al cabo de partir el tratamiento hubieron mejoras en mi habla que se podían palpar, pero lamentablemente como en todo tratamiento tuve recaídas. Al cabo de tres meses, mi psicóloga tuvo que regresar a su país y, por lo tanto, teníamos que poner fin al tratamiento. En la última sesión, ella concluyo que mi tartamudez tiene un origen relacionado por la ansiedad que se genera en mí cuando me comunico. Me sugirió que siguiera la misma línea psicológica por las mejoras latentes que había obtenido. Actualmente empecé un tratamiento con un profesional de la misma área psicológica. Realmente pensándolo bien, además, de ser tartamudo pensaba como tal, todos los hechos en lo que yo fracasaba se los atribuía a mi condición, pero no es tan así. La tartamudez es parte implícita en mí como persona, pero los únicos que le damos una sobre-importancia somos nosotros. Pensamos que cuando tartamudeamos, se nos acaba el mundo. Para que decir cuando las demás personas nos enrostran nuestra peculiar forma de hablar. No tiene nada de malo tener una forma distinta de hablar, es más pensar que tener la necesidad imperiosa de hablar idénticamente a los demás, de algún modo nos va a permitir la aceptación de las demás personas, estamos totalmente equivocados. Nuestro entorno más cercano nos quiere tartamudeando o no, para ellos no es importante nuestra forma de comunicación.
Al finalizar este escrito, dejo la invitación a que me contacten vía Facebook para intercambiar vivencias.
He logrado mucho más de lo que pensaba lograr y no he llegado ni a la mitad de donde quiero estar.

Jean Carlos Pinto