Rincón de Gustavo Sandoval Sepúlveda
Ñuñoa  - R.M. - Chile

Cuando era niño, aproximadamente de 3 o 4 años, sufría de desmayos. Mis hermanos cuando me veían con los “ojos blancos”, corrían hasta donde mis padres y avisaban…..

Bueno, finalmente los doctores se convencieron que no era epilepsia, sino que eran desmayos producto de la fiebre, esta última producida por gripe o afecciones similares (nada de cuidado).

Sin embargo, un día al parecer puse “los ojos blancos” mas tiempo del acostumbrado, y mi padre, preocupado, raudamente tomo el camión Mercury  rojo del cual era propietario, y corrió a dejarme al Hospital de Chillán.

Lo poco que recuerdo es que me dejaron en ese Hospital, seguramente en observación, pero nadie me explicaba qué pasaba. Entonces comencé a llorar desesperado, sintiéndome solo, sin mi familia, en un lugar desconocido.

Ya pasado ese trauma, regresé a casa, y aquí comienzan mis problemas con el habla. Al parecer, ese es el evento que gatilló mi forma peculiar de hablar. Mi tartamudez.

 

Mi padre, persona culta e inteligente, pero demasiado llevado a sus ideas, desde siempre me corrigió. Creía (y hasta el día de hoy lo cree) que la tartamudez era una especie de “mala costumbre”, que se podía curar hablando mas pausado. Recuerdo con tristeza cuando yo, niño de 5 años, corría a su lado para contarle algo que me interesaba, trataba de hablar, y él en vez de poner atención en lo que yo quería comunicar, me decía: “¡ Habla bien, Mierda !” (disculpen el improperio, pero realmente era así). Después, y adulto, averigüé que esa reacción frente al que tartamudea, es LA PEOR REACCION POSIBLE, Y EN GENERAL HACE QUE EL PROBLEMA DE LA TARTAMUDEZ SE CONSOLIDE.. Pero bueno, este es un tema más extenso que acá no viene al caso.

A pesar de lo anterior, en mi etapa escolar y enseñanza media, pasaba por períodos de “casi fluidez total”, a “totalmente trancado”. Estos vaivenes ocurren hasta el día de hoy.

 

Siempre he hablado poco, así es que en el colegio y liceo el problema, creo yo, no se notaba demasiado. Inventaba algunos técnicas interesantes como por ejemplo, antes de intervenir en voz alta en el colegio, anteponía las silabas “tn – tn – tn”. Al principio lo hacía en voz alta, pero me fui sofisticando, hasta decirla en voz casi totalmente baja. Por ejemplo, cuando la profesora que pasaba lista me nombraba, yo respondía “tn – tn – tn – presente señorita”.

 

En una sola ocasión sentí que me discriminaron al buscar empleo, cuando mi entrevistador me pregunto, después de haber llegado a la terna: “ahora nómbreme algunos de sus defectos”. Yo, con una sinceridad sorprendente hasta para mí, dije “Bueno, soy un poco tartamudo”. Mi interlocutor cambió inmediatamente el tema, me estrecha la mano, y me dice: “Gracias por venir a esta entrevista. La decisión final se la comunicamos por escrito”….. Adiós potencial pega.

 

Tengo 2 hermanos que también son tartamudos, pero que no voy a nombrar acá, respetando sus deseos. De mis 2 hijas, a ambas se les enreda un poco la lengua al hablar, pero yo no las corrijo, y trato de concentrarme en el fondo, no en la forma de los que me quieren transmitir. Si el problema persiste más adelante, seguramente buscaré ayuda profesional.

 

Una coincidencia interesante que se dio en mi vida, es que mi Sra. también es tartamuda, aunque menos que yo. Por consiguiente, nuestras hijas tienen muy buenos ejemplos que seguir J.

 

Una saludo a todos los ttm2 de Chile.