Dr. Juan Romeu - Barcelona - España

DISFEMIA (TARTAMUDEZ)

El tartamudeo consiste en la repetición o prolongación frecuente de los sonidos, o de las sílabas. Perturba notablemente la fluidez del lenguaje. Normalmente se acompaña de otros tipos de dislalia. Puede haber problemas en la emisión de cualquier fonema, pero es más frecuente que aparezcan mayormente al iniciar fonemas "explosivos" (/b/, /p/, etc.) Es normal que el tartamudeo sea más evidente cuando el niño se halla sometido a una situación en que se siente evaluado, o con la "necesidad" de hablar bien. El niño suele intentar mecanismos de compensación para evitar su aparición, por ejemplo: iniciar sus frases con una palabra "inocua", acompañar su verbalización con movimientos, etc.

Es un trastorno de aparición infantil en la inmensa mayor parte de los casos. Suele iniciarse en el curso de la instauración del lenguaje. La mayor parte de los casos son transitorios (hasta un 80 % de recuperaciones). Alrededor de un 5% de niños han presentado o presentan algún tipo de tartamudeo, pero solamente el 1% de adultos siguen con este trastorno.

Causas de la Disfemia

Son varias las terapias propuestas para el tratamiento de la disfemia así como las teorías propuestas para su explicación. Analicemos sucintamente alguna de ellas. En principio se acepta que tal problema aparece en niños con alguna insuficiencia en la función organizadora del lenguaje, y sus causas suelen establecerse en las relaciones que, en su origen, tiene esta función con otras funciones psicológicas más profundas. Muchas veces se invoca como causa fundamental una insuficiencia del pensamiento linguoespeculativo. Cabe distinguir dos formas de pensamiento humano: la sensoactorial en que la figuración mental se realiza mediante imágenes (es decir, pensamos en un tren y "vemos" la imagen del tren) y la linguoespeculativa que se lleva a cabo por medio de palabras (es decir, pensamos en un tren y "vemos" escrita la palabra "tren"); ésta última es la que permite el proceso de comunicación, mediante el lenguaje, de unas personas a otras. En el acto de hablar, es necesario que el pensamiento surja de una forma linguoespeculativa, puesto que debe realizarse con una gran rapidez. Así, hay personas que gozan de "inmediatez" lingüística (encuentran inmediatamente la palabra adecuada) y que jamás van a sufrir tartamudeo. Y otras, que carecen de esta inmediatez lingüística. Solamente entre éstas, afectas de insuficiencia linguoespeculativa (en que las imágenes sensoriales no hacen surgir inmediatamente las palabras, e incluso obstaculizan su aparición) va a aparecer la tartamudez.

Está muy extendida la idea de que cuando una persona de gran cultura y elevado nivel intelectual tartamudea, es debido a que piensa con extraordinaria rapidez ("la mente va más rápido que la palabra"). Lo que en realidad sucede es que tal persona no sabe ordenar lingüísticamente los elementos seleccionados por su pensamiento, ni escoger las palabras adecuadas para expresarlos. Ello es debido a que el pensamiento sensoactorial (en imágenes) le obstaculiza y no consigue pasar de la imagen (la imagen del tren por ejemplo) a su nombre ("tren") como si dicha imagen alejase la palabra en lugar de atraerla. Los disfémicos cultos, para encubrir la insuficiencia de elaboración lingüística espontánea suelen utilizar frases hechas o clisés literarios ("en cierta medida", "evidentemente", "de alguna manera", "en realidad", "en base a"... etc., aunque tales frases no son predio cerrado de los disfémicos sino de cualquier insuficiente lingüístico que deba hablar sin tener demasiado que decir). Tales "latiguillos" desempeñan un papel de facilitación del tiempo de espera.

Por lo tanto, como primera medida del tratamiento de la disfemia suele ser interesante la reeducación de esa insuficiencia linguoespeculativa que se orientará a la consecución de un alto grado de madurez lingüística, logrando que el pensamiento adquiera el hábito lingüístico que permita un habla sin tartamudeo.

Otro aspecto a reeducar y tratar son los síntomas del disfémico que están presididos por el tartamudeo. Este puede ser clónico (repetición involuntaria y convulsiva de una sílaba, generalmente la primera sílaba de la primera palabra de la frase, siendo variable el nº de repeticiones) o tónico (imposibilidad de emitir ciertas palabras durante un tiempo más o menos prolongado; es como un estado de inmovilidad muscular que impide la locución; en una sílaba de una palabra de la frase el individuo sufre una resistencia súbita y cuando el espasmo cede sale precipitadamente en forma explosiva muy característica). También hallamos disfemias mixtas tónico-clónicas, aunque lo normal en estos casos es que predomine una de las dos formas.

Otros síntomas que pueden aparecer son los trastornos respiratorios, generalmente en forma de bloqueos inspiratorios o espiratorios y movimientos asociados que afectan a labios, mandíbulas o músculos de la cara, e incluso a músculos que no intervienen en la fonación (tronco, hombros... etc.) También pueden presentarse fenómenos de tipo neurovegetativo como sudoración, rubor facial... etc. Tanto los trastornos respiratorios como los movimientos asociados solamente se ponen de manifiesto cuando el paciente tiene la necesidad de hablar, o mientras habla, ya que en cualquier otra situación suele dominar perfectamente su musculatura voluntaria y no presenta trastornos vegetativos. Como consecuencia del tartamudeo y del resto de síntomas comentados, existen alteraciones del ritmo y de la melodía de la frase, resultando a veces imposible reconocer los grupos acentuales, como si mentalmente hubiera una ausencia del molde ritmo-melódico.

La disfemia suele aparecer alrededor de dos edades críticas. Por una parte entre los 2-3 años, coincidiendo con la organización del lenguaje; por otra parte, hacia los 6 años de edad, edad de la escolaridad, primera en que se le exige una primera adaptación social de cierta envergadura. También puede aparecer por primera vez en la adolescencia, edad a la que, de todas formas, se suele acentuar, pues los factores emocionales que aparecen pueden jugar un papel desencadenante especial.

Dado que la tartamudez aparece en edades tempranas en las que son frecuentes las repeticiones de fonemas, de sílabas y aún de palabras de dos sílabas, y que se ha dado en llamar tartamudez fisiológica (es decir, normal), conviene aclarar que ésta no existe como tal tartamudez ya que dichas repeticiones no tienen carácter convulsivo. La repetición no es disfemia necesariamente. Solo existe ésta si aparece una tensión espasmódica o clónica en el proceso de emisión verbal. La redundancia es normal, mientras que la disfemia espasmódica es patológica.

Una vez instaurada la disfemia, el comportamiento del paciente suele ser muy variado. Muchos tartamudos no parecen sufrir con su problema. En otros aparecen síntomas que revelan una ansiedad subyacente que puede ser muy discreta o muy acusada. Otros, en fin, se cierran en el silencio, evitan las situaciones de conflicto y al final también a la mayoría de las personas. En estos casos el trastorno sobrepasa el área del lenguaje para integrarse más en el marco de la psicopatología.

En general puede decirse que la tartamudez se incrementa en aquéllas ocasiones en que la tensión emocional del disfémico aumenta, especialmente si aumenta en relación a la emisión del lenguaje (angustia de anticipación). La disfemia se acentúa en circunstancias que marcan una etapa de adaptación social, o que ponen en cuestión dicha adaptación. Lo cierto es que el disfémico se encuentra expuesto a alteraciones psicológicas que es preciso someter a un tratamiento, bien para superarlas bien para lograr un aceptable equilibrio que le permita asumir su problema, como requisito previo para lograr su superación.